Amor y hambre emocional

Amor y hambre emocional

Cuántas veces hemos visto la típica imagen del cine americano en la que la protagonista aparece llorando después de una ruptura amorosa con un gran bol de helado de chocolate, o botella de vino para tomarse entera. Alfonso-Mesala Elguero aporta su visión de la relación entre Amor y hambre emocional.

Amor

¿Es casualidad que en San Valentín los productos más ofertados sean alcoholes, dulces y otros alimentos de alta palatabilidad? (Cualidad de un alimento de ser grato al paladar). Esta es la relación entre amor y hambre emocional

Esta típica asociación manifiesta muy bien lo que se conoce como hambre emocional y por supuesto la industria alimentaria lo aprovecha de forma óptima.

Pero qué es este hambre emocional y por qué nos hace comer dulces u otros alimentos poco saludables.

¿Cómo sé que estoy sintiendo hambre emocional?

Para empezar debemos diferenciar dos tipos de hambres.

  1. Hambre fisiológica. Necesidad que nos impulsa a comer para asegurar nuestra supervivencia y satisfacer nuestras necesidades nutricionales:
  • Es una sensación gradual que parece en horarios más o menos constantes y que puede posponerse hasta cierto punto.
  • Está abierta a varias opciones de alimentos pudiendo servir muchos de ellos según nuestras preferencias, gustos y disponibilidad.
  • Aparece independientemente del estado de ánimo y desaparece cuando estamos satisfechos dejando una sensación agradable

2. Hambre emocional. Aparece con el objetivo de proporcionar una sensación de alivio o confort:

  • Se presenta de forma urgente, repentina y en cualquier momento.
  • Apetecen alimentos muy palatables y poco saludables.
  • Está condicionada por nuestros sentimientos y no desaparece al saciarnos sino que continúa en mayor o menor medida, dando una sensación momentánea de alivio con posible sensación posterior de culpa, vergüenza, tristeza o enfado.

Amor y hambre emocional

En este caso, lo más probable es que la persona que come helado frente a la televisión después de una ruptura amorosa no sienta hambre fisiológica sino emocional. Y consciente o inconscientemente está tomando ese alimento porque le hace sentirse bien, aunque sea momentáneamente. Pero… ¿por qué nos “reconforta” tomar estos alimentos? ¿Por qué nos los “pide” el cuerpo?

La clave está en el cerebro, para asegurar la supervivencia de la especie humana, el consumo de comida nos hace sentirnos bien para seguir comiendo y no morir de hambre.

Pero, estos alimentos ricos en hidratos de carbono y grasa, como son la bollería, helados, fritos etc. activan con muchísima mayor intensidad un sistema neuronal conocido como “circuito de recompensa” . Este circuito produce una retroalimentación positiva, es decir, comemos estos alimentos, generamos moléculas que nos hacen sentir confort, satisfacción, placer, (dopamina) y esto nos anima a seguir consumiéndolos.

Por eso cuando estamos tristes, ansiosos o simplemente aburridos, a veces puede aparecer este hambre emocional que realmente son ganas inconscientes de tener una experiencia positiva que extraemos a través del consumo de determinados alimentos.

Además, desde que somos pequeños nos han bombardeado con esta asociación ya sea desde el cine, la televisión o incluso dentro de nuestro núcleo familiar, si utilizaban la comida poco saludable, de consumo ocasional, con premios cuando hacíamos las cosas bien, o directamente como confort cuando nos encontramos mal.

Entonces… ¿este hambre emocional es “mala”? ¿Debo evitarla o ignorarla?

No, todo lo que sentimos es por algo. Reprimirla solo empeorará las cosas generando más ansiedad.

Este hambre emocional, aparece para evitarnos algún tipo de sufrimiento al obtener ese confort o satisfacción momentánea, el problema es que la satisfacción es pasajera y solo estaríamos poniendo un parche y no solucionando el problema.

Consejos

Desde el punto de vista de la alimentación, la clave está en no prohibirte alimentos, no te castigues restringiendo alimentos. La solución no es forzarte a no comer nada ya que si prohibimos un alimento, lo único que estamos consiguiendo es incrementar la ansiedad y ganas que tenemos de comerlo.

En cambio, si sientes hambre emocional, tómalos en una cantidad moderada, sírvete una porción moderada y no cojas el envase entero.

Y sobre todo, cuando los tomes disfrútalos sin culpa, cómelos con calma y prestando atención plena a los 5 sentidos:

  • Tacto: Coge el alimento y nota su rugosidad, dureza, temperatura, textura…
  • Vista: Observa el alimento y presta atención a su color y forma
  • Olfato: Percibe su olor varias veces y centra tu atención en este.
  • Gusto: Introduce el alimento en la boca y espera antes de masticarlo saboreándolo con calma antes de comenzar a masticarlo.
  • Oído: Nota si cruje o no y los sonidos que hace al morderlo y masticarlo.

La respuesta no es fácil, pero para aprender a gestionar este hambre emocional, párate a pensar, escúchate y pregúntate lo siguiente:

  • ¿Estoy sintiendo hambre fisiológica o es hambre emocional?
    • ¿Cómo me siento realmente? Estresada, triste, ansioso/a, enfadado/a, aburrido/a… Conocer y etiquetar las emociones es el primer paso de la regulación emocional.
    • ¿Qué necesito realmente? Modular las emociones implica aceptarlas, dejar de hacer algunas estrategias que nos han ayudado en algún momento y poner en marcha otras más efectivas a medio y largo plazo.

Conectar con nuestras emociones es fundamental para permitirnos sentirlas, entenderlas y gestionarlas correctamente.

En los grupos semanales del Programa Mente, Alimentación y Cuerpo trabajamos la regulación emocional, la gestión del hambre emocional, técnicas y recursos útiles para salir del bucle agotador de la ansiedad. Si necesitas ayuda, estamos aquí para ti. Ponte en contacto con nosotros sin compromiso, cuéntanos tu caso.

María Pastor

María Pastor

Psicóloga colegiada M-22076, experta en psicoterapia de familia y de pareja, con larga experiencia tratando niños y adolescente y especialista en psiconutrición.

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